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sábado, 28 de enero de 2012

De una traducción de Safo

Hasta hace poco tiempo no me había planteado mi relación con las traducciones de poesía. Es más, no recuerdo cuál fue la primera. Intuyo que estaría interesada en algún autor en concreto, y no me daría cuenta que accedía a éste a través de los ojos (y el ingenio) de otro. Poco a poco empecé a reclamar que las ediciones presentaran el texto original y la traducción (como esperando, a modo de escena hollywoodiana, que el checo , por poner un ejemplo, se volviera inteligible). En la facultad, como todo estudiante de clásicas (quien lo niegue miente) acudía a las traducciones para evitar arduas búsquedas en los diccionarios y así poder tener el texto preparado para la siguiente clase. Pero poco a poco fue surgiendo el impulso o necesidad de mirar los dos textos (original y traducción) a la vez. Acabé la licenciatura en este estado, y no ha sido hasta años después que me he atrevido a enfrentarme al texto en su versión original (en latín o griego, por supuesto, por más sitúe lo delante de mis ojos , el checo continúa siendo un misterio).Comparando los textos y sus versiones te das cuenta de lo vinculadas, motivadas, subjetivas y absurdas que pueden ser las traducciones. Cada persona es un mundo, un poeta y un traductor. Y al igual que hay personas con las que no ves ni un atisbo de afinidad, hay traducciones que , sinceramente, te revuelven el estómago (filológicamente hablando). Por eso, me ha entusiasmado la traducción de Safo de Juan Manuel Macías para DVD ediciones. Y mucho su introducción (o declaración de principios), donde considero que hay grandes afirmaciones que comparto.En primer lugar, por consideraciones respecto al ámbito de la filología clásica: desmitificar todo el asunto de la biografía de Safo (en fin, básicamente su condición sexual) y de paso algunas de las grandes losas que pesan sobre la filología clásica. En segundo lugar, sobre la consideración de la traducción como “recreación poética” y “género literario al que no queda más remedio que resignarse” (página 20). Más de un profesor universitario consideraría pecado dejar de traducir un acusativo como tal: eso explica las traducciones que solamente producen indiferencia. La traducción del texto me parece muy acertada. No sabemos qué diría Safo, nos podemos imaginar que dirían ciertos filólogos de siglos pasados. Por mi parte, lo único que resta hacer es felicitar al” traduautor”.

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